Tras una parada técnica en Singapur, llegamos a Yakarta, la capital de Indonesia situada en la isla de Java en el horario previsto, el martes día 1 de agosto. La temperatura es de 32 grados y nos parece que estamos en los Alpes después del horno de Doha.
Nos espera un empleado de la agencia Gita Travel, a través de la cual hemos comprado los billetes de avión de la compañía Lion Air con destino a Manado (100 euros por persona incluyendo los gastos de envío del dinero a través de Western Union). Antes de embarcar adquirimos en las oficinas de Lion Air situadas en la terminal de vuelos domésticos los billetes del vuelo que nos queda pendiente: el Manado-Bali para el siguiente lunes siete de agosto (80 euros por persona).
Sulawesi, conocida antaño por los portugueses como Célebes, es una de las cuatro grandes islas de Indonesia. Resulta difícil encontrar otra isla con una forma tan extraña. A unos les recuerda un escorpión, para otros es una hélice o una estrella de cuatro puntas y los más imaginativos ven en su perfil una orquídea.
La isla se encuentra atravesada horizontalmente por la línea imaginaria del Ecuador y verticalmente por la que se ha venido a llamar la Línea de Wallace, que delimita la región de flora y fauna asiática de la región de Oceanía, lo que le atribuye una enorme biodiversidad. Por desgracia no sólo existen divisiones imaginarias en Sulawesi, también tensiones religiosas y las disputas de musulmanes y católicos han degenerado en ocasiones en brutales matanzas.
Nuestro periplo en la isla se limitará al apéndice más septentrional, la provincia de Sulawesi Norte, cuya capital Manado, con una población de 300.000 habitantes constituye hasta el momento un oasis de convivencia entre musulmanes, budistas de origen chino y la mayoría católica.
La ciudad es la puerta de entrada a uno de los vergeles submarinos más importantes del mundo, el Parque Nacional Marino de Bunaken, pero los atractivos de la región no sólo se esconden bajo sus aguas. En las tierras altas que se elevan majestuosamente sobre la costa podemos recorrer llamativos mercados, pueblos de artesanos, extensos lagos, campos y terrazas de arroz dispuestas en bancales, orgullosos volcanes, cascadas, manantiales de aguas sulfurosas y una jungla húmeda donde habitan gran cantidad de criaturas endémicas.
Es casi medianoche cuando por fin aterrizamos en el aeropuerto de Manado, dormimos en la ciudad, hotel Riverside (150.000 rp., 13 euros) y a la mañana siguiente un barco nos llevará a la isla de Bunaken.
Nos levantamos temprano, todavía un poco desorientados por la paliza de vuelos del día anterior. Paseamos por el bullicioso centro de la ciudad antes de embarcar a media mañana rumbo a Bunaken, desde el desolador y sucio muelle, donde cerdos y niños de las chabolas comparten el mismo espacio en los fétidos márgenes. Una holandesa que nos acompaña en la travesía califica aquel puerto como “el infierno antes del paraíso”.
El Parque Nacional de Bunaken, situado en las inmediaciones de Pulau (“isla”) Bunaken está considerada una de las mecas del buceo mundial. La pequeña isla presume de estar rodeada de uno de los arrecifes de coral más espectaculares que puedan existir. Estos jardines submarinos se extienden hasta alcanzar los tres metros de profundidad, donde dan paso a una pared vertical que cae hasta varios miles de metros colonizada por la más espectacular y variada vida marina, lo que permite combinar el buceo a pulmón en la plataforma coralina con el buceo con botella en la pared marina.

Los visitantes se alojan en cabañas a pie de playa de los distintos operadores de buceo y algún que otro homestay. El precio del alojamiento incluye también tres comidas y oscila según la categoría del lugar entre los 7 y los 30 euros por persona y día. Una inmersión con botella con un operador con garantías, equipo incluido, no debe superar los 20 euros; además hay que abonar 150.000 rupias (unos 13 euros) en concepto de tasas la primera vez que se realice un buceo.
Hemos reservado previamente tres noches (cuatro días) en una espaciosa cabaña del Bunaken Village Dive Resort, comidas, traslados aeropuerto-ciudad y ciudad-isla incluidos, más seis inmersiones con botella por persona por el precio de 170 euros por persona. Es posible obtener buenos descuentos sobre los precios publicados, sobre todo en temporada baja.
Nuestras cabañas están situadas sobre la playa de Pantailasang a sólo unos metros de un bellísimo arrecife coralino poblado por peces e invertebrados de las más caprichosas formas y colores. Sorprende nada más llegar, observar desde la embarcación la insólita gama cromática de la plataforma coralina.
Comemos un poco de pescado con verduras y arroz (la dieta habitual en la isla), practicamos una pequeña ronda de reconocimiento por los alrededores y hacemos nuestro primer buceo en el lugar conocido como Mandarin Point. El primer contacto con las espectaculares paredes submarinas es un merecido premio después de tan largo y pesado viaje. De regreso la puesta de sol sobre el prominente perfil de la vecina isla Manado Tua, un regalo de los dioses.
Los dos días siguientes combinamos dos buceos diarios con la apacible quietud de la isla. Buceo con o sin botella, descanso, un paseo por la isla, una conversación con los locales o con otros buceadores es todo lo que hacemos en Bunaken. Cada inmersión constituye una gratificante experiencia y la diversidad de la fauna marina hace cada buceo distinto del anterior.
El sábado realizamos la sexta inmersión y hacemos algunas fotografías con una cámara submarina que alquilamos en la plataforma coralina a poca profundidad. Una imagen vale más que mil palabras.
Regresamos después de comer a Manado, nos volvemos a alojar en el hotel Riverside, dedicando el resto el día a explorar la ciudad y a buscar un medio de transporte que nos permita conocer las tierras altas de Minahasa. Terminamos el día cenando pulpo frito, ensalada de tofú y otras exquisiteces en el afamado Green Garden (130.000 rp., 12 euros dos personas).
El domingo por la mañana el conductor nos espera en la puerta del hotel a las 8.00, nos dice que él no puede llevarnos pero que lo hará un amigo suyo. Insiste en cobrarnos más dinero del pactado (300.000 rupias, casi 30 euros), a lo que lógicamente no accedemos. Nuestro mayor error en todo el viaje fue permitirle que nos dejase a cargo del compañero que no sabía ni papa de inglés e ignoraba como llegar a alguno de los lugares que pretendíamos visitar. Resultó ser el tío más insoportable que nos topamos en Indonesia aunque el problema de la comunicación se solventó al aparecer en escena un amigo que sí hablaba inglés.
Perdemos horas buscando nuestro primer destino, las cataratas Kali, pretendiendo el muy cara que le abonemos un plus por combustible. La situación se vuelve tensa y convierte la jornada en la de peor recuerdo de todo el viaje. El resto del día lo empleamos en visitar Tomohon (el mercado ya había cerrado cuando llegamos), las aguas sulfurosas de Ranopaso, las cuevas japonesas hasta alcanzar el lago Tondano. De vuelta a la ciudad curioseamos por los calles el centro antes de regresar al hotel.
Después de un potente madrugón, una persona enviada por el resort de Bunaken nos conduce al aeropuerto, donde embarcamos con destino a Bali, tras enlace en Makassar.







