ESTADO DE PARANÁ, ARGENTINA y CIUDAD DEL ESTE (PARAGUAY)

Iguazu Llegamos de madrugada al aeropuerto de Foz do Iguaçú, donde notamos el brusco cambio de temperatura (10º), nos metimos en el bus que nos dejaba a pocos metros de nuestro hotel. Teníamos reserva de tres noches en el hotel Rouver, muy económico 40 reales (unos 13 euros) la doble con café da manha. Dado que tenían habitaciones un poco mejores por 55 reales pedimos el cambio, pero estaba todo ocupado. No problem. Buscábamos algo limpio, sin muchas florituras pues nuestra idea era aparecer por el hotel únicamente para dormir. Fue una excelente elección, habitación cómoda y escrupulosamente limpia, café da manha decente y personal superatento. Otra buena opción puede ser Hotel El Rey (entre 60 y 90 reales la doble).

pasarela a la Garganta del diablo


Disponíamos de dos días completos en la zona, uno para visitar el Parque argentino de las Cataratas y otro para ir cruzar la frontera de Paraguay por la mañana y por la tarde visitar el lado brasileño. Pendientes todavía de buscar un servicio de “van” que nos llevase de forma rápida a Argentina, dedicamos la mañana del primer día a cruzar el Puente de la Amistad sobre el río Paraná rumbo a la ciudad paraguaya de Ciudad del Este. A la puerta de nuestro hotel, montamos en el bus que nos transportaría a tierras paraguayas. No se nos perdía nada allí, sólo queríamos matar la curiosidad y comprar un cargador de pilas compatible con la corriente de 110 que hay en Brasil.


Los personajes que iban subiendo en el bus eran de lo más curioso, todos atravesaban la frontera con el propósito de hacer contrabando con los productos comprados Ciudad del Este (libre de impuestos). Son los llamados “sacoleiros” por los grandes sacos que utilizaban para llevar los productos de estraperlo. Un tipo que venía sentado en el bus detrás nuestra se iba cortando las uñas que saltaban hacia nuestras cabezas, otro caminaba por el puente de la Amistad con una mochila colgada del pecho y otra de la espalda, cada una con cuatro agujeros desde donde asomaban las cabezas de cuatro gallinas, llegando a la frontera pasó por delante de un puesto de aduana donde se leía “Prohibido entrar con animales vivos”, los policías de aduana que estaban delante del Cartel, no le prestaron mayor atención, escenas similares se repetían a cada instante.

 

Cruzamos la frontera y nadie nos pidió el pasaporte, el espectáculo no nos decepcionaba, era ciertamente esperpéntico, mucho movimiento en la ancha calle principal atravesada por la carretera procedente de Brasil, vendedores, artículos de todo tipo, la mayoría inservibles y muchos vehículos cargados hasta los topes de mercancías dispuestos a cruzar la frontera. Dimos un paseo mezclándonos en aquel tumulto, acosados por vendedores, pero sin presentir la inseguridad de la que nos habían advertido, después fuimos a la Casa China, una de las tiendas más reputadas. Las 50 dependientas que había en la tienda estaban ociosas, 7 de ellas encima de un encargado dándole un masaje con un novedoso artilugio, nadie se esforzaba por atender a los clientes…tardamos media hora en conseguir que nos cobrasen el cargador que precisábamos. Dejamos Paraguay en un autobús repleto de contrabandistas con mercancías que se agolpaban en los pasillos, sin que nadie registrase nuestra llegada o salida del país, aquello parecía cualquier cosa menos un puesto fronterizo. Habíamos satisfecho nuestra curiosidad. De vuelta en Foz, todavía temprano cogimos otro autobús en dirección al Parque brasileño de las Cataratas.

Garganta del Diablo


Incluyendo el traslado la visita al parque brasileño se realiza en poco más de dos horas. La entrada 19.90 reales, incluye el desplazamiento en autobús panorámico hasta el inicio de un sendero de 2 km. desde donde se obtiene una panorámica general de las cataratas. Es habitual que en camino se crucen grupos de koaties y se dejen ver vistosas mariposas. El sendero nos deja cerca de las puertas de la Garganta del Diablo, el salto de agua más espectacular y famoso de Iguazú en la plena frontera con Argentina. El ruido del agua al caer, el vapor que lo inunda todo, el arco iris dibujado sobre la gran Garganta es el espectáculo más buscado por los visitantes.

foto ajena


Tras comer en el espléndido bufé que se encuentra a las orillas del río pocos metros antes de que las aguas se precipiten al vacío por 80 reales, dejamos el parque con la sensación de Iguazú debía ofrecernos algo más.


Aprovechando que todavía lucía el sol visitamos el interesante Parque de las aves (entrada unos 6 euros) que se encuentra a apenas unos 50 metros de la entrada del parque. De vuelta a Foz comprobamos que la ciudad no daba mucho de sí, la calle principal (rúa Brasil) estaba bastante desierta, fuimos a cenar al tan recomendado Búfalo Blanco (100 reales), aún siendo buena la comida, fue el peor de los tres rodicios de carne que conocimos en Brasil. Tomamos una última copa en el centro de reunión de la ciudad, el Capitao.
El sábado 13 nuestro destino era Argentina, salimos con unos cuantos dólares americanos, que habíamos llevado de España por si se nos ocurría hacer alguna comprita en Paraguay. Resultaron de gran utilidad, pues en Argentina era la forma de perder menos con el cambio, cuando no podíamos utilizar la tarjeta.


No habíamos tenido tiempo de buscarnos un traslado directo a las cataratas tal y como aconsejaban las guías que manejábamos, así que nos subimos en el bus dirección a Puerto Iguazú (3 reales). En el propio bus nos dijeron que nos podían dejar en el cruce de la carretera de Brasil con la del Parque de las cataratas, allí cogimos otro bus que sin necesidad de ir a Puerto Iguazú nos condujo al Parque argentino por 5 pesos. En contra de lo que dicen todas las guías el traslado en bus es recomendable, ágil y no es imprescindible tener acudir a Puerto Iguazú para hacer el enlace.

 


A diferencia de los paraguayos, en la frontera nos pidieron los pasaportes realizando el habitual control fronterizo. El parque argentino, está mucho mejor montado y trabajado que el brasileño, la entrada cuesta 30 pesos (sobre 26 reales, alrededor de 9 euros), pero ofrece mucho más.

 

Iguazu desde ArgentinaUn tren nos acerca a la zona de las cataratas con una primera parada para cubrir los tramos de las pasarelas superiores e inferiores. Una segunda parada conduce a la pasarela de la Garganta del Diablo. Son necesarias más de 5 horas para disfrutar de lo esencial del parque. Como la mayor parte del semicírculo de 3 km. que forman las cataratas se encuentra en territorio argentino, el recorrido por las pasarelas permite apreciar de cerca los distintos saltos, no es posible una panorámica tan completa como la que se obtiene desde Brasil, pero el espectáculo es más variado e intenso. En el tramo de las pasarelas inferiores existe un transporte gratuito a la Isla de San Martín en barco neumático, si además uno quiere que lo acerquen a una catarata y recibir una ducha puede contratar la Aventura Náutica por unos razonables 40 pesos (sobre 12 euros). El Parque Brasileño ofrece un caro paseo llamado Macuco Safari que cuesta 150 reales, los argentinos tratan de emularlo con La Gran Aventura que cuesta 80 pesos. Otra opción aún más costosa es sobrevolar en helicóptero las cataratas. Nosotros nos conformamos con la ducha de 40, recomendable. El punto culminante es mejor dejarlo para el final, una pasarela se interna el río y nos conduce a la Garganta del Diablo. Es el mejor espectáculo que se puede admirar en Iguazú, resulta emocionante, único, contemplar desde tan cerca ese caudal inconmensurable, que metros antes transcurre pacífico, desplomarse al vacío… una experiencia imposible de describir con palabras.

 triple frontera


Todavía con la imagen de la Garganta en nuestras retinas, salimos del parque sobre las cuatro de la tarde. En Foz de Iguazú no se nos perdía nada, la presa de Itaipú estaba cerrada para las visitas a aquella hora, así que decidimos quedarnos en Argentina y visitar Puerto Iguazú.


Es un pueblo más pequeño que Foz, pero mucho más interesante y agradable, fuimos paseando hasta el hito de las Tres Fronteras que está a un kilómetro y medio del pueblo, de camino visitamos a un curioso personaje que nos instruyó en el arte del cultivo de orquídeas. Nos gustaba aquello, de modo que como el último bus hacia Brasil salía las 7, negociamos con antelación el traslado en taxi por 10 dólares americanos. Hicimos alguna que otra compra y tomamos una botella de vino antes de ir a cenar un estupendo bife chorizo al Quincho del Tío Querido, maravilloso lugar, repleto de gente, con una actuación en directo de un solista que interpretaba canciones al estilo de Martín Fierro, pagamos el equivalente a 20 euros por dos personas, muy barato teniendo en cuenta que 10 eran de vino.
Al día siguiente nos esperaba un traslado duro, un maratón por varios aeropuertos del país que debía llevarnos a Noronha, nos levantamos a las 4 de la mañana un taxi nos llevó al aeropuerto de Foz por doce reales, allí comenzarían los retrasos sucesivos, que ya he contado y que harían que nuestros cansados huesos recalaran en Recife y no en el archipiélago de Fernando de Noronha.