A la llegada al aeropuerto de Siem Reap debes hacer el visado (20 USD) de entrada en Camboya. Tienen un montaje un poco pesado y cuando por fin consigues salir del aeropuerto y no tienes reserva de hotel, toca coger un taxi hacia la ciudad (5 USD tarifa fija). El taxista intenta meternos por los ojos alguno de los hoteles que le paga comisión, la situación no pasaría de anecdótica si no fuese porque cuando le dices que te lleve al establecimiento que tú deseas, te contesta que no sabe donde está para que claudiques.
Llevamos una lista más de una docena de hoteles y se digna a acercarnos al Secrets of Elefants porque se encuentra de camino a la ciudad. A pesar de las críticas tan favorables que habíamos leído el alojamiento no nos gusta nada y el precio menos (40 USD), así que continuamos hacia el centro. El taxista que está medio mosca, nos advierte que si pensamos pasearnos de hotel en hotel nos va a cobrar más dinero y tras una pequeña discusión accede a acercarnos al único de los hoteles de la lista que dice conocer: Mandalay Inn. Miramos varias habitaciones, todas limpias y elegimos una sin que termine de convencernos del todo (15 dólares).
El personal de la guesthouse es bastante atento y enseguida se encarga de proporcionarnos un tuk-tuk a precio de mercado (4 dólares) que nos recoja después de comer para ver la puesta de sol en Phnom Bakheng. Nos agenciamos la completa guía gratuita Siem Reap Angkor Visitors Guide, que está fenomenal.
Son las cuatro y media de tarde cuando llegamos a la zona de admisiones de las ruinas de Angkor. El precio de la entrada varía en función de los días que se desee visitar el complejo: 20 dólares un día, 40 dólares tres días y 60 dólares una semana, pudiendo entrar gratis después de las cinco de la tarde. Te entregan un carnet con tu fotografía (si no la llevas te la hacen gratis in situ) que deberás mostrar a lo largo de tu recorrido tantas veces (que son bastantes) como te sea requerida.
Pronto nos damos cuenta de lo maravilloso que es visitar las ruinas en el motocarro, nada que ver con los suicidas tuktuks que desgarran con sus ruidosos motores las calles de Bangkok. El pequeño vehículo además de ser bastante confortable, deja que la brisa te alivie del intenso calor húmedo de la llanura ankgoriana a la vez que te permite admirar las hermosas estampas que rodean las ruinas: enormes árboles, campos de arroz, búfalos de agua…
El Phnom Bakheng situado en el único promontorio montañoso que interrumpe la llanura circundante, es el punto más alto de las ruinas de Ankgor. Lugar elegido por muchos visitantes que acuden a pie o a lomos de un elefante para contemplar el atardecer pertrechados con sofisticadas cámaras fotográficas, inmortalizar el Angkor Wat que surge majestuoso entre la jungla al Este y retratar la puesta de sol con el Lago Tonle de testigo.
De vuelta a Siem Reap, nos adentramos en el Old Market, compramos la guía Lonely Planet de Camboya (2 dólares e igual a la original) y cenamos en el bullicioso Red Piano.
Los templos de Angkor no obedecen a una distribución homogénea. Las ruinas de la capital del vasto imperio khemer que se extendió desde el Mar de la China hasta los límites de la India, comprenden diversas construcciones que abarcan un amplio periodo que comienza en el siglo VIII y se prolonga hasta al XIII, durante el cual se sucedieron distintos estilos arquitectónicos. La dispersión de las ruinas a lo largo de un área de varios kilómetros cuadrados obliga a planificar cada jornada si que desea visitar al menos los templos más importantes.
Existen dos circuitos principales, uno más amplio y otro más reducido pero intenso que suele incluir platos fuertes como el Angkor Wat, el Bayon y el Ta Prohm. Elegimos para esa jornada el llamado circuito largo con el objeto de visitar el Preah Khan, Neak Pean, Ta Som, East Mebon y Pre Rup.
Muy temprano ya nos espera el motocarro (9 dólares) en la puerta del hotel. El pegajoso calor que nos acompaña desde primera hora de la mañana se hace insoportable en las horas centrales de día, cuando ya hemos completado una gran parte del recorrido. Decidimos sobre la marcha y después que comer un poco de fruta acercarnos al Banteay Srei y Banteay Samre, pagando un suplemento de cuatro dólares. El Banteay Srei a pesar de estar bastante alejado del resto de los edificios es en mi opinión una visita ineludible tanto por la estructura del templo como por las fantásticas esculturas que atesora.
Visitamos un elevado número de templos pero nuestra visita es sosegada, disfrutando en todo momento tanto de la obra humana como del entorno en el que se acomoda.
Después de ver tanta piedra nos creemos merecedores de un buen masaje khemer y siguiendo las recomendaciones de la recién adquirida guía Lonely Planet nos dirigimos a Seeing hands massage 4. El salón de masajistas ciegos está hasta la bandera de mochileros, pero nos trasladan en moto a una especie de sucursal no muy lejos de nuestro hotel. Después de un gran masaje de una hora de duración (4 dólares) cenamos en el Temple carne australiana, mientras actúa un grupo de danza tradicional. Compartimos mesa con una joven pareja de australiano y californiana con la que terminamos tomando unas copas en los bares cercanos y hablando de lo divino y lo humano.
El último día en Camboya nos tiene reservadas sus joyas más deseadas: Angkor Wat, Bayon, Ta Keo y Ta Prohm. Para no perder la costumbre, el conductor acude puntual a nuestra vespertina cita y nos conduce al recinto monumental.
El fascinante y colosal Angkor Wat, de mediados del siglo XII, que se puede calificar sin temor a equívoco una de las obras más destacadas del ingenio humano nos tiene entretenidos buena parte de la mañana. El siguiente plato es también delicioso: el Bayon y sus inquietantes caras, de postre el templo devorado por la jungla: Ta Prohm.
Además de los templos una de las posibilidades que ofrece Siem Reap es la visita a los poblados flotantes de Chong Kneas en el lago Tonle. Teniendo en cuenta que las referencias son inmejorables y que tenemos margen de tiempo, decidimos hacer la excursión en barco (10 USD, precio fijo por persona) después de comer algo de pasta en Pissa Italiana Bar (12 dólares).
Hacemos el viaje hasta el lago en tuktuk (2 USD) con nuestro conductor habitual y francamente la experiencia es sumamente decepcionante: el paseo parece un tour para los guiris ávidos de ver pobreza extrema y miseria, que incluye a unos niños vietnamitas que abordan tu embarcación en unas minúsculas bañeras pidiendo limosna. Lamentable.
Tanto gusto le cogimos al tuktuk que lo cargamos con nuestras pertenencias destino al aeropuerto (3 USD), donde pagamos 25 USD por persona en concepto de tasas de salida.
… ciao Camboya.




