Tenemos la suerte y el privilegio de contar con Margarita y Xabi para desarrollar este espacio. Margarita es la auténtica alma mater de nuestra sección dedicada a Venezuela. Conocedora de toda la geografía de su país nos descubre las claves fundamentales para conocer y disfrutar las tierras venezolanas.

Venezuela es uno de los paises preferidos de Xabi, viajero curtido donde los haya, ha recorrido sus tierras varias veces durante meses y junto con sus valiosas recomendaciones, nos ofrece su web: el mejor espacio sobre Venezuela y el lugar que todo viajero visita para preparar su aventura.

Además de sus consejos, comentarios y fotografías incluímos algunas fotografías comentadas de nuestra breve estancia en Venezuela durante el invierno de 2006.

 

Que mejor aperitivo que Margarita nos descubra lo que más le gusta de su país:

 

Mi lugar preferido en Venezuela…(por Margarita)

 

La Gran Sabana, es un parque nacional al sur de Venezuela cerca de la frontera con Brasil. Una sabana de espléndida belleza rodeada de Tepuyes, montañas con ecosistemas únicos en el mundo.

 El más famoso es el Roraima, donde se desarrolla la novela “Mundo Perdido” de Sir. Arthur Conan Doyle. Igualmente, se pueden observar en la zona montones de cascadas o saltos hermosos. Al lado queda el Parque Nacional Canaima, la cual es una selva donde se encuentra el Salto Ángel, la caída de agua mas alta del mundo midiendo casi 1000 metros.    

                                                             Foto cedida por Xabi de Vueltalmundo

Mi preferida es la Quebrada del Jaspe (cascada hecha de este material). El agua es sabrosa para refrescarse del calor que hace.

           

Existe otra cascada, llamada Salto Hacha donde es posible caminar detrás de las mismas durante el verano o época de sequía.

 

 

Otro punto de interés en la zona son los pueblitos indígenas. Kayanayen con una población de aproximadamente 200 habitantes es el mas bonito de todos, el nombre significa en lengua pemona “gallito de las rocas’, una de las aves hermosas de la zona.

 

Esta iglesia es un ejemplo de la arquitectura del pueblo, fundado por una Misión de Padres Capuchinos. La misión también ofrece hospedaje económico.

 

Vale la pena tomarse un día para ir a la población del Paují, hacer una caminata de 1 hora hasta llegar al mirador desde donde se tiene una vista hermosa de la selva y se escucha el eco de los pájaros capuchinos.     

 

Se puede ir por carretera asfaltada desde Ciudad Bolívar hasta Santa Elena, la cual cubre gran parte del parque. Pero para ir a algunos lugares interesantes hay que desviarse por caminos de tierra.

 

A pesar de que existe una buena vía de comunicación, no es recomendable que los turistas vayan por su cuenta porque hay pocos restaurantes y estaciones de servicio y muchas alcabalas o puntos de control. Sin embargo, muchos ciclistas hacen la travesía sin ningún problema.

 

Hay zonas para acampar, pero se les agradece a los turistas no dejar basura en el lugar y no llevarse muestras de cuarzo o las plantas carnívoras. Tristemente muchos lo hacen y  el daño ecológico es visible.

 

Antes de llegar al Parque hay varios pueblos que viven de la minería ilegal que ha depredado gran parte de la selva. 

 

 

  Un poco sobre nuestro viaje

 

En el invierno de 2006 atravesamos el Atlántico rumbo Venezuela dejando atrás por unos días la fría Europa. A pesar del poco tiempo que estuvimos en el país, Venezuela nos produjo una profunda impresión. Esperamos volver pronto para disfrutar de sus maravillosas gentes y explorar su grandiosa naturaleza.

 

Nuestro viaje tuvo dos etapas:

     -  Una estancia en el pueblo colonial de Choroní. Situado dos horas al oeste de Caracas, se encuentra cercado por una abrupa cordillera costera donde se extiende el hermoso Parque Nacional Henry Pittier.

     - El Archipiélago de Los Roques, que presume de poseer las mejores playas del mar Caribe.

A continuación mostramos una selección de las fotos que conservamos de nuestra escapada.

 

 CHORONI, PUERTO COLOMBIA

 

Visitamos Choroni en plena efervescencia del Carnaval, el pequeño pueblo se inunda de visitantes provenientes del interior y de ciudades como Maracay o Caracas.

 Las casas de estilo colonial dotan de personalidad propia a Puerto Colombia-Choroni. El malecón de Puerto Colombia es el eje de la fiesta.

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 Los tambores son otra seña de identidad del pueblo.

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Entre la multitud en Puerto Colombia, Choroní. Dice Valentina Quintero en su guía: "Choroní en temporada es una agonía y entre semana la gloria", quienes deseen visitarlo deberán tener en cuenta las fechas que Margarita señala como temporada alta y feriados.

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Puerto Colombia es la salida al mar natural de Choroní. La singular orografía, con una cordilera costera que alcanza los 1.700 metros, hace que el mar sea la vía más fácil para alcanzar los pueblos y playas cercanas. El peñero es el protagonista absoluto en estas labores.

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Un día de mar agitado, la experiencia no se olvida fácilmente.

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Enclaves idílicos como Cepe o Chuau son de visita obligada.

En las playas se hacía difícil ver algún extranjero. Venezuela como Brasil tiene su propia cultura de playa, su forma de entenderla. El viajero se puede quedar embobado viendo lo que sucede a su alrededor: playa de Cepe.

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En un chiringo playero de la playa de Cepe la multitud se congrega contemplando a las participantes de este improvisado concurso de baile sensual. El premio es una caja de cerveza Polar bien fría.

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La fantástica estampa de la playa de Chuao.

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Caminar entre enormes árboles o entre las plantaciones del mejor cacao del mundo, servirse del encantador transporte público, mezclarse con los lugareños son privilegios que tuvimos la suerte de disfrutar.

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Después de hora y media de caminata desde la playa, alcanzamos el pueblo de Chuao. Encajonado en el valle, es un rincón mágico lleno de lugares encandores. Sus habitantes son gente sencilla y hospitalaria. La plaza del pueblo se utiliza para secar el mejor cacao del mundo.

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El tiempo pasa más despacio en Cepe.

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El estado de Aragua es un enorme vergel.

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En la Casita del Río de Choroní nos invitan a sumarnos a su fiesta y a comer su delicioso sancocho. Como manda la tradición nos mojan y nos embadurdan en harina.

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Choroní sorprende al visitante en cualquier esquina.

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 Dejamos con gran pena Choroní al anochecer, de camino paramos en el Parque Henry Pittier, esa noche comemos asado en casa de Wilfredo "Chapulín" en Maracay. Nos levantamos muy temprano camino del aeropuerto, allí avioneta que nos llevará a Los Roques. No hay consigna en el aeropuerto de Maiquetía y el peso permitido en la avioneta es de sólo 10 kgr. Antes de amanecer nos vemos obligados a buscar un hotel en La Guaira, para hacer noche a nuestro regreso de las islas y sobre todo para dejar parte del equipaje.

 

 LOS ROQUES

 El archipiélago de Los Roques, es un conjunto de pequeños islotes caribeños situados a unos trecientos kílometros del continente. Frecuentado por turismo fundamentalmente extranjero, en su mayoria italiano que acude en busca de unos días lejos del mundanal ruído. Sus excepcionales playas de arena blanca lo convierten en el lugar más exclusivo del Caribe venezolano.

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 La pesca de altura, el buceo o el mero disfrute de las playas son las actividades que atraen a los visitantes. El ambiente es muy tranquilo y recalar en una idílica playa de un cayo solitario es una labor sencilla. Vista desde Dos Mosquises y playa de Espenquí:

 

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 El alojamiento se estructura en posadas, desde las más simples a las elegantes y exclusivas propiedad de italianos. Los precios comienzan en 30 euros por persona en media pensión y pueden alcanzar los 300 euros. Es posible dormir en catamaranes y la acampada, permitida en algunos cayos, es el refugio de los presupuestos más modestos.

100_5104100_5109Dejamos una lluviosa Caracas pero el cielo se abre a medida que nos alejamos del continente. El viaje nos ofrece espléndidas imágenes panorámicas de los cayos.

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La avioneta es más pequeña de lo que podíamos imaginar.

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El Gran Roque es la mayor de las islas y en ella se concentra la población y todos los servicios. Posee en pequeño aeropuerto, pero el espacio es tan reducido que los aviones parecen querer aterrizar en la playa.

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Los pelícanos son parte inseparable del archipiélago.

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Desde el Gran Roque parten peñeros a otras islas y cayos del archipiélago, Francisquí es uno de los cayos más cercanos y visitados.

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Una caminata hasta el faro del Gran Roque para contemplar la puesta de sol, es lo mejor después de un día playa.

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Cayo Agua, está considerada una de las mejores playas del mar Caribe. Una lengua de arena blanca penetra en el mar turquesa, el resultado es glorioso.

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Situado a 20 millas del Gran Roque, es uno de los cayos más alejados. La travesía a veces es algo incómoda pero la recompensa merece la pena.

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El sol de Los Roques es abrasador. Los cayos caracen casi por completo de vegetación y encontrar una buena sombra es tarea complicada. Una sombrilla y una crema de elevada protección son imprescindibles. 

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La útima noche la pasamos en La Guaira, la salida natural al mar de Caracas, próxima al aeropuerto. Hicimos unas compras, disfrutamos de la amabilidad de los venezolanos y comimos en un local de apuestas hípicas cercano a nuestro hotel, toda una experiencia. Un cerrillo de La Guaira:

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Gracias a Chapulín y su gente, Margarita, María Alejandra, Xabi, la gente de la Casita del Río, Simón, la gente de La Guaira...sin ellos nuestro viaje no hubiese sido posible.